La lluvia y la inspiración

Harto del lugar común de la lluvia, o de la idea ya vulgar de asociar la lluvia con la inspiración de los artistas, y cansado de negarme a aceptar esto como un hecho –aún a pesar de haber obrado alguna vez baja los artísticos efectos de una noche de lluvia-, tuve que ponerme a pensar qué lleva a una persona a creer que basta con una llovizna barata para creer que uno puede dar a luz una obra con un supuesto interés literario o musical.

No estoy muy seguro de que las musas funcionen así.

Sospecho –hasta que la ciencia me diga lo contrario- que Noé no escribió nada durante esos húmedos cuarenta días con sus noches; no creo que los vaivenes del arca hayan estropeado sus trazos sobre un lienzo, ni se me ocurre pensar que despidió a la paloma tocando con la lira o algún otro instrumento una canción creada ad hoc. Y eso que le sobró lluvia para inspirarse…

Si es por mí, que llueva todo lo que quiera, que no se me van a ocurrir más cosas en proporción directa a los milímetros caídos. Ni más ni mejores, me dirán, y lo acepto.

Sí creo que tal vez, imaginándome mirar la lluvia por una ventana empañada, en una tarde fría y solitaria junto a una estufa a leña, es probable que me llegue un sentimiento, no digo inspirador, pero sí que reflote alguna sensación que la vida cotidiana no me permite transcribir en un papel.

En ese caso, la inspiración no llega por el agua que cae, sino porque uno se ve imposibilitado de hacer otra cosa que no sea estar encerrado mientras el jardín de adelante se inunda.

Puedo decir que la lluvia me inspira desconfianza, contrariedades, apetito sexual. Y no es que no me guste; adoro las tormentas, y si son eléctricas y de verano, mejor. Me encantan –en sentido estricto- si son nocturnas, con las nubes negras que sólo permiten la distinción de sus formas a través de un rayo. Me gusta el ruido de cielo cuando se quiebra con un trueno, siento que me pega en el esternón (como cuando la veo a ella).

Alguien me dijo que el amor es algo así.

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~ por Alejo Salem en septiembre 25, 2009.

6 comentarios to “La lluvia y la inspiración”

  1. Quizás por eso la semana pasada que estuvo lloviendo a cántaros yo miraba por los cristales y pensaba “Qué llueva cuánto quiera” Sí, le aseguro que es totalmente cierto, cada tarde, con esta nuestra gota fría, eso era lo que pensaba.

    Precioso relato. Como siempre, me atrapa

    Un abrazo

  2. Antonio Birabent asienta con la cabeza

  3. Leo y releo y me parece encantador. Palabras más, palabras menos es lo que me hubiera gustado escribir.

  4. HE LEIDO CON ATENCION “La lluvia y la inspiración”, y estoy convencido que es una prosa por demás buena; muy buena me atrevería a decir. Saludos, Alejandro de Beruti. Escritor.

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