De insomnios y nadas

Hace algunas noches fui dominado por un persistente insomnio; por persistente entiendo “mantenerse firme”, y acepto “falta de sueño” por insomnio. A esto debería agregarle un estado anímico excedido en exaltación, y una voluntad de escribir Algo llevado, no lo niego, por la porfía.

En compañía de un disco de jazz electrónico y el infaltable atado de cigarrillos, decidí hacer caso de las circunstancias y sentarme a escribir a la antigua, muñido (siempre quise usar esta palabra pero nunca encontré la ocasión propicia; acabo de saldar una íntima deuda) de reglamentario papel y birome. Por fortuna, la inspiración me encontraba trabajando.

Al cabo de un rato la pulsión llegaba a su fin: dos carillas con un breve pero exacto análisis de dicha situación, con algunos giros de los que me sentía orgulloso, un par de citas literarias; había logrado un texto que me conformaba.

Me serví un vaso de –ya clásico en mí – mistela con hielo para celebrar, con la promesa de corregirlo al día siguiente (el efecto terapéutico inmediato posterior había sido la aparición vertiginosa del sueño).

La urgencia por irme a trabajar me hizo olvidar de la tarea de corrección, tipeado en la computadora y publicación on-line del apunte de la noche anterior. Cuando volví a mi casa me olvidé nuevamente, no ya del trabajo pendiente, sino de la existencia del texto mismo.

Anoche, invadido de nuevo por el insomnio, me acordé. Busqué la hoja con el borrador; no estaba donde yo suponía que tenía que estar. Pensé “debo haberla guardado bien, para no perderla”. Revolví dos o tres cajones y encontré de todo menos eso. Volví sobre mis pasos, tratando de recordar lo que hice la noche de ese primer insomnio. No hubo caso.

Decidí reescribirlo, tratando de generar de nuevo las sensaciones del primer momento, la emoción de dar a luz una obra, por mínima que sea; la felicidad de saber que somos capaces de comunicarnos, la armonía con uno mismo que genera el deseo satisfecho. Nada.

Nada no; esto, lo que están leyendo. Nada.

Me cansé de putearme. No es la primera vez que me pasa. Y tengo la sospecha (que es un lugar común) de que nunca voy a escribir un texto como ése.

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~ por Alejo Salem en octubre 20, 2009.

2 comentarios to “De insomnios y nadas”

  1. “Revolví dos o tres cajones y encontré de todo menos eso”. Maldito sea el universo!

  2. Yo también quiero escribir. Yo también a veces con porfía me siento con mi café y mis cigarrillos e intento escribir. Sólo que a mí no me salen cosas bellas como a vos.

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